Mostrando entradas con la etiqueta Chico Buarque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chico Buarque. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de septiembre de 2009

4.- Separación de bienes

Como el anterior, este tema corresponde al período de fines de 2002 y comienzos del 2003, e integraba un proyecto de disco que se iba a llamar "Sol negro", que es una definición poético-psicológica del duelo, pero que luego fue empleada para un programa de televisión, así que desistí de usar ese título. Por otra parte, la vorágine de mi vida por aquellos tiempos me impidió sentarme tranquilo a grabar, o a concentrarme en un proyecto artístico personal. Las relaciones humanas se comieron todas mis energías por aquellos días.

Esta es una canción que intenta emular a Chico Buarque, siempre tan quirúrgico y cruel para describir la humillación de una separación: "Trocando miúdos", "Atrás da porta", "Olhos nos olhos", etc.

Creo que encontré una vuelta de tuerca aquí cuando, hablando de ese doloroso proceso de dividirse las cosas comunes acumuladas durante una pareja, se descubre que en realidad lo más grave que se pierde es esa parte de uno que el otro se lleva. De ahí que empiece a bromear con la pérdida de pedazos del cuerpo: "llevate este brazo, total, mirá qué lindo muñón me ha quedado"; "llevate este ojo, mejor tuerto que bizco", o "de mi corazón me dejás un par de ventrículos?".

El estribillo nació de una combinación de ideas. Un poco inspirado en "From a midnight train" de The Blue Nile, y otro poco, como un intento explícito de homenajear a Spinetta, tomando de su enorme cantidad de canciones, los pedacitos que hablaban de enseres hogareños. Aquí, luego de que nadie ganara el concurso lanzado en Facebook, están las respuestas de a qué canción pertenece cada fragmento:

"platos de café": Cantata de puentes amarillos;

"patas de mueble de bronce": Jugo de lúcuma;

"impalas en tu estante": Los libros de la buena memoria;

"las uvas viejas de un amor en el placard": Credulidad;

"la valija pesa": Laura va; y

"y tu amor es una vieja medalla": de la canción del mismo nombre.

Cuando la hacíamos con Fina Estampa, esta canción era más lenta, oscilaba entre un blues y un shuffle, creando un clima parecido a "Los libros de la buena memoria". Para el disco se me ocurrió hacerla más "up tempo", como un demito que había grabado en 2004, dándole un toque de marchita parecido a "Penny Lane", donde el piano machacante lo hacía con la guitarra. De ahí que la batería suene tan precisa y entusiasta. Al momento de mezclar, se nos ocurrió probar con hacer desaparecer mi guitarra, y ahí quedó este fenomenal trío de jazz: Jorge en batería, Hernán en bajo, y John en guitarra eléctrica. Creo que el resultado es impactante: Menos es más!

Las imágenes del video fueron extraídas de www.heyhotshot.com/blog/contenders/

martes, 22 de septiembre de 2009

3.- Frágil y fugaz

Esta es, probablemente, la mejor canción que escribí en mi vida, y la más misteriosa en su origen. Lamentablemente, nunca me he sentido satisfecho con mis distintas versiones de ella. Probablemente otro intérprete le haga más justicia. Hasta último momento Liliana Herrero iba a cantar aquí, pero por sus miles de compromisos no pudo ser, pese a su buena predisposición.
La idea central me la proveyó mi amigo Oscar Nocetti, en un momento muy zen, mientras yo atravesaba la parte más dura de mi primer divorcio. La conversación, que me llevó a una extraña epifanía, rondaba alrededor de cómo la fugacidad y la fragilidad son parte de la belleza. Hoy es primavera y lo vemos con claridad. Los perfumes que hoy nos embriagan, por definición, no durarán. No debemos apegarnos a ellos, sólo disfrutarlos mientras están. No debemos intentar poseerlos. En todo momento, estas imágenes me evocaron las pinturas de paisajes orientales, como las que tomé prestadas para el video. De aquella conversación hoy hace, exactamente, siete años. Feliz cumpleaños, Oscar.
Me llevó un tiempo poder plasmar estos conceptos tan inasibles en una canción. Y ocurrió de un modo totalmente repentido e inopinado. Yo estaba en Brasil, cuatro meses después, en un viaje solitario que intentaba culminar aquel duelo. Pero estaba solo y no la estaba pasando necesariamente muy bien. Una mañana, en una playa de Portobello, mientras caminaba, comencé a cantar estas estrofas, que fueron saliendo una a una, y al cabo de media hora la canción ya estaba allí. Ni siquiera tenía una guitarra para comprobar la armonía. Tampoco tenía clara la imagen de una mujer a la que dirigir la plegaria.
La primera estrofa está inspirada en la canción "Rose music" de Arto Lindsay, grabada en el disco "Beauty" de Ryuichi Sakamoto: "Does a rose lose its colour in the rain?", mezclada con un pensamiento recurrente en mí por aquella época, la idea de que bajo la luna todo se ve en blanco y negro. Luego vino la evocación del río y sus piedras eternas, que me venía de un reciente viaje a Catamarca donde había redescubierto ese placer. Está la idea de que la eternidad debe parecerse al amor, la idea de que los amantes se llevan algo físico del otro, la idea de que el amor implica y necesita del dolor, como la rosa incluye a sus espinas "que me hacen sangrar, y me hacen cantar".
Hay algo clásico y bastante fascinante en comenzar hablando de la rosa, como en una lección de latin, en un texto de Borges o en la novela de Umberto Eco.
Vuelto de Brasil, la primera ocasión en que tuve una guitarra en mis manos (fue la primera noche, en casa de Henry) toqué la canción, de punta a punta, sin revisar la armonía a medida que ésta progresaba (y aclaro que no es una armonía demasiado sencilla). Si existen las musas, ese día estaban conmigo. Y también estaba Chico Buarque, a cuya "Futuros amantes" esta melodía evoca vagamente.

La letra:


¿Acaso la rosa pierde su color
bajo de la luz de la luna, mi amor?
ay! yo no lo sé, ay! yo no lo se.


¿Acaso las piedras pierden todo filo
tras años de estar bajo el agua del rio?
ay! yo no lo se, ay! yo no lo se.


Mas sé sin dudar que el misterio final
no será distinto a esta forma de amar
y sé que no hay nada de bello que no
sea también, a la vez, frágil y fugaz.


¿Acaso mi cuerpo se lleva tu olor,
acaso un hueco de mí queda en vos?
supongo que vos, que vos lo sabrás.


Por eso mi amor, no me ahorres dolor
amo las espinas que cubren tu flor
y me hacen sangrar, y me hacen cantar.

Y sé sin dudar que el misterio final
no será distinto a esta forma de amar
y sé que no hay nada de bello que no
sea también, a la vez, fragil y fugaz
fragil y fugaz, frágil y fugaz.